viernes, noviembre 13, 2009

En cada fin, un inicio

Tus ojos, casi perdìdos hoy,
quieren buscar los míos.

Llegó el fin de una historia
que te ha dado y quitado la vida.

Ahora tú me dices tan deprisa no,
tan deprisa no,
y yo quisiera ayudarte
pero ahora no se muy bien que puedo hacer.

Tan sólo podré escucharte
prestándote algo de mí
en cada fin, un inicio
aunque hoy te parezca infinito.

Sigues repitiendo tan deprisa no,
tan deprisa no.

No, que no es esta tu última historia de amor
no digas más que nada volverá a ser igual,
no, que no es este tu último día de sol
y no llores más que podrías volverte de sal.

Las hojas caen en invierno,
la rama se queda sola siempre
esperando que lleguen rayos de sol
que anuncien la primavera,
así las hojas renacen más verdes,
más bellas y fuertes
pero tú siempre dices:

Tan deprisa no,
tan deprisa no.

No, que no es esta tu última historia de amor
no digas más que nada volverá a ser igual
no, que no es este tu último día de sol
y no llores más que podrías volverte de sal.

En cada lágrima hay dentro un poco de él,
déjala que se seque ella sola
tú que aún no sabes que este poema
es ya ese próximo poema de amor.

No, que no es esta tu última historia de amor
y no, que no es este tu último día de sol
y no llores más que podrías volverte de sal.